jueves 14 de mayo de 2009

El Nuevo Herald / Galería / Artes y Letras / 26 de abril de 2009

Escritores en el país del Exilio
Por Belkis Cuza Malé / Especial para El Nuevo Herald

La palabra exilio es caprichosa, se refiere a algo que está fuera y además suena a cuerda que se moviese en el aire. Al menos así la veo yo. No me voy por la etimología, que es rancia, sino por el feeling, el sentimiento que atrapa como mosca. Y si se habla de escritores exiliados la carga es doble, porque un escritor, un artista, es siempre un exiliado, Punto.
Pero qué bueno que haya alguien a quien se le ocurriese la idea de entrevistar a 50 escritores cubanos y exiliados. La paciencia y la profesionalidad se juntaron para darle al público este libro único dentro de la temática. Supongo que no debió resultarle fácil a su autor, el escritor y profesor Armando Chávez Rivera, aunque antes haya cosechado la entrevista y el testimonio, y tenga ya en su haber tres libros publicados. Chávez Rivera, sin embargo, ha logrado reunir lo inconexo, aunar voluntades tan disímiles, y que al final resultase un libro ameno. Un libro que se lee como ficción, donde se cuenta una sola historia --el exilio-- con cincuenta personajes, todos protagonistas. Sin duda, el escritor Carlos Victoria, fallecido en el 2007, nos deja un conmovedor testamento: ''Sólo necesito silencio'', dice, y sin proponérselo, la frase le sobrevive como expresión de lo que más abunda en el exilio. Por su parte, el escritor Antonio Conte, pone el dedo en la llaga al referirse a las obsesiones del exiliado, y señalar que ``... hablar cien horas diarias de un individuo que se supone odiado por todos (Fidel Castro), me parece el más grotesco de los cubaneos, porque se convierte uno en un esclavo grotesco de lo que, supuestamente, se odia''.
Armando Chávez Rivera escribió cartas a los personajes de su libro, y recibió respuestas que luego se convirtieron en Cuba per se. Cartas de la diáspora (Miami: Ediciones Universal, 2009), con ``otras experiencias y definiciones sobre la circunstancia de radicar fuera de la Isla''.
Como se sabe, hay exilios y exilios --ninguno plácido, por cierto, pero algunos más soportables que otros. Los exiliados españoles que huyeron de Franco no se parecen a los chilenos que abandonaron el país tras el golpe de Pinochet. Y mucho menos se parecen a los exiliados cubanos. Los últimos han estado en desventaja, especialmente a la hora de las definiciones morales. Los españoles y los chilenos eran acogidos y apoyados donde quiera que se establecieran. Aunque en el caso de los exiliados españoles, valga recordarlo, no todo fue fácil, porque hubo rechazos e incomprensiones, y algunos pasaron las de Caín. Pero estoy hablando de la aceptación moral, del apoyo a sus causas, que ése fue total, irrestricto. En cambio, los cubanos no han corrido la misma suerte, en los círculos intelectuales su exilio es mirado de reojo, todavía hoy, al cabo de 50 años de tiranía castrista. Para esa izquierda dogmática, los escritores y artistas cubanos del exilio son ciudadanos (y escritores y artistas) de segunda
categoría.
Así que el libro Cuba Per Se. Cartas de la diáspora podría hacer que algún sesudo intelectual de izquierda preguntase con animosidad, si de verdad existen cincuenta escritores cubanos fuera de la Isla que valgan la pena. Porque la política ha empañado el panorama y aunque los hay famosos y requetefamosos, muchos languidecen por falta de reales oportunidades. El escritor cubano exiliado tiene ante sí la doble tarea de escribir bien y de quitarse de encima el estigma de anti castrista.
Pero, ¿están todos? ¿Son sólo cincuenta?, se preguntarán otros. Claro que no. Claro que la lista de escritores cubanos exiliados es tan larga como el malecón habanero, pero el libro de Chávez Rivera escogió a estos cincuenta. Faltan sin embargo algunos imprescindibles, y noto la ausencia de Vicente Echerri, Reinaldo García Ramos, Armando Alvarez Bravo, Mireya Robles, Juan Cueto, Juan Abreu, Carlos Alberto Montaner, José Sánchez Boudy, Roberto Luque Escalona, Carolina Hospital, María Elena Cruz Varela y muchos otros de merecida mención. Sin embargo, aparecen algunos cuyas obras son menos conocidas, o en el peor de los casos, desconocidas. Pero hay que admitir que el saldo es favorable y que Chávez Rivera ha dado a la posteridad un libro no sólo de referencia histórica, sino una obra de calidad literaria, imprescindible para los que deseen conocer de primera mano qué pensaban y cómo vivían y sobrevivían los escritores cubanos en el exilio.
Oírlos contar sus peripecias individuales, sus ideas sobre la literatura y la vida, el cómo y el porqué del exilio, nos hace sentir que somos de algún modo eso, un país dentro de otro país, una suerte de país del exilio.•

http://www.elnuevoherald.com/galeria/artes/story/433855.html